Aún queda mucho Belgrado
· Por Andrés García Rodríguez
Hay viajes que terminan cuando vuelves a casa y otros que, precisamente entonces, empiezan a dejarte una lista de cosas pendientes. Belgrado ha sido de los segundos. En pocos días vimos bastante: caminamos por el centro, entramos en algunas de sus iglesias más importantes, recorrimos Kalemegdan, contemplamos la confluencia del Sava y el Danubio, pasamos por la zona de los edificios bombardeados y llegamos hasta el Museo Nikola Tesla, aunque esta vez nos quedamos a las puertas. La sensación al volver no fue la de haber terminado Belgrado, sino justo la contraria: aún queda mucho Belgrado.
El viaje había empezado antes, con Antes de ir a Belgrado.
Y continuó al volver con Belgrado: una ciudad sorprendentemente contradictoria. Este tercer artículo cierra la serie desde otro punto de vista: no tanto lo que vimos, sino todo lo que apareció alrededor de lo visto y se quedó esperando una próxima visita.
El motivo principal del viaje fue The Global Convention: hay que vivir algo así al menos una vez, que cuento aparte porque pertenece a otra historia. Este tercer artículo cierra la serie desde otro punto de vista: no tanto lo que vimos, sino todo lo que apareció alrededor de lo visto y se quedó esperando una próxima visita.
Un recorrido que casi hicimos completo
Nuestro recorrido no empezó como probablemente lo haría el de alguien alojado en el centro. Como nuestro hotel estaba bastante alejado, el Templo de San Sava nos quedaba bien como comienzo de la jornada. Si se organiza la visita desde el centro, seguramente tenga más sentido hacer el trayecto al revés y dejar San Sava para el final. Aquí aparece una de las primeras sorpresas prácticas de Belgrado: el transporte público es gratuito y conecta bastante bien las distintas zonas de la ciudad, lo que permite plantearse recorridos amplios sin depender continuamente de taxis.
Desde San Sava fuimos acercándonos hacia el centro y aparece entonces una de las imágenes más difíciles de ignorar: los edificios dañados durante los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia en 1999, en el contexto de la guerra de Kosovo. No corresponden a la guerra de Bosnia, que había terminado cuatro años antes, sino a otro episodio dentro del proceso de desintegración yugoslava. Están integrados en la ciudad actual y precisamente por eso impresionan: no funcionan como un monumento aislado, sino como parte visible de una historia todavía muy reciente.
Continuando hacia el centro llegamos al Museo Nikola Tesla. Llegamos hasta la puerta, pero no pudimos entrar, así que queda oficialmente incluido en la lista de pendientes. Justo allí encontramos además una pequeña curiosidad: la Embajada de España está en la misma confluencia de calles que el museo, prácticamente en la esquina opuesta en diagonal. Uno de esos detalles que no vas buscando y que después sirven para situar perfectamente un lugar en la memoria.
Desde allí queda muy cerca la Iglesia de San Marcos, que sí visitamos. Además, está junto al parque Tašmajdan, una zona verde preciosa en pleno centro que hace que el entorno de la iglesia sea casi tan interesante como el propio edificio. Después, el recorrido conduce hacia la Plaza de la República y Knez Mihailova, la gran calle peatonal que termina llevando casi de forma natural hacia Kalemegdan. En la propia plaza teníamos otro pendiente delante de nosotros: el Museo Nacional de Serbia. Estuvimos allí, pero no entramos.
Kalemegdan merece bastante más tiempo del que parece cuando uno lo mira simplemente sobre un mapa. Recorrimos la fortaleza, atravesamos sus puertas y pasadizos y llegamos hasta uno de los grandes símbolos geográficos de Belgrado: la confluencia del Sava y el Danubio. Incluso dentro del propio recinto quedaron cosas pendientes. Vimos la iglesia Ružica desde fuera, pero no llegamos a entrar, y tampoco visitamos la capilla de Santa Petka. Muchas de las cosas que no vimos no estaban lejos: estaban prácticamente a nuestro lado.
El otro Belgrado casi quedó entero para otra visita
Después está todo lo demás. No estuvimos en Skadarlija, el histórico barrio bohemio de Belgrado. Tampoco llegamos a Zemun, una antigua localidad independiente que hoy forma parte de la ciudad y se extiende junto al Danubio. Su historia y su arquitectura tienen una influencia centroeuropea mucho más evidente que la del centro histórico, lo que hace que visualmente parezca casi otra ciudad. Allí quedaron pendientes la torre de Gardoš y el paseo junto al Danubio.
Tampoco recorrimos con calma Belgrade Waterfront, la gran transformación urbana de la ribera del Sava. Eso sí: uno de sus edificios resulta bastante difícil de olvidar. La Belgrade Tower, con su silueta moderna y ensanchada en la parte superior, nos recordó inmediatamente a un enorme micrófono. No sabíamos cómo se llamaba cuando la vimos; ahora ya sí. Es una de esas referencias visuales que se quedan grabadas aunque no hayas ido expresamente a visitarlas.
También quedaron pendientes el Museo de Yugoslavia, la Casa de las Flores, el Palacio Real, Ada Ciganlija y otros puntos algo más alejados del eje turístico principal. Cuando colocas todo sobre el mapa descubres que has visto bastante y, al mismo tiempo, que queda una cantidad enorme de ciudad por conocer. Y en algunos casos ya no hablamos de pequeños desvíos andando, sino de recorridos que merece la pena reservar para otra mañana o incluso otro día completo.
Tito tampoco iba a ser menos
La Casa de las Flores merece al menos una explicación, porque allí está enterrado Josip Broz Tito. Tito se distanció de la URSS, pero no exactamente de algunos de los peores rasgos del comunismo, empezando por el culto a la personalidad. Si Lenin tiene su mausoleo en Moscú, Tito tampoco iba a ser menos.
Yugoslavia acabó desarrollando una posición política propia, separada de Moscú, y desempeñó posteriormente un papel importante dentro del Movimiento de Países No Alineados. Precisamente por eso el Museo de Yugoslavia y la Casa de las Flores me parecen interesantes para una segunda visita: no solo por Tito, sino porque ayudan a entender mejor un país cuya historia reciente explica muchas de las contradicciones que todavía percibes cuando recorres Belgrado.
Una ciudad construida alrededor de dos ríos
Belgrado se entiende mucho mejor cuando colocas sus dos grandes ríos sobre un mapa. El Sava llega desde el oeste y desemboca en el Danubio justo bajo Kalemegdan. A pesar de la importancia del Danubio para la ciudad, solo dos puentes lo cruzan dentro de Belgrado: el puente de Pančevo y el puente Pupin. El contraste con el Sava es llamativo, porque este sí está atravesado por varios puentes que comunican el centro histórico con Nuevo Belgrado.
Esta geografía también explica por qué lugares como Zemun, Nuevo Belgrado, Kalemegdan o Belgrade Waterfront pueden parecer relativamente próximos sobre un mapa y, sin embargo, ofrecer ambientes completamente distintos. Los ríos no son simplemente dos líneas azules atravesando la ciudad: condicionan su forma, su paisaje, sus desplazamientos y buena parte de su personalidad.
Belgrado es fácil de recorrer… y barato con matices
No definiría Belgrado como una ciudad muchísimo más barata que España. Diría que es algo más barata, y además hay que introducir un matiz importante: nosotros pasamos buena parte del tiempo en zonas muy céntricas y turísticas. Sería algo parecido a intentar calcular lo que cuesta Madrid utilizando únicamente los precios de la Plaza Mayor. Una referencia sencilla: un café podía costar unos 200 dinares, aproximadamente 1,70 euros.
Con el efectivo también aprendimos algo sobre el terreno. Retirar el equivalente a unos 60 euros suponía aproximadamente 6.800 dinares, y el cajero cobraba alrededor de 500 dinares de comisión, aproximadamente un 7,3 %. No es precisamente gratis, pero resultaba bastante más razonable cuando lo comparábamos con obtener dinares antes de viajar desde España, donde el coste efectivo del cambio podía acercarse al 15 %.
Y después está el taxi. Ahí sí encontramos probablemente uno de los mayores contrastes del viaje: transporte público gratuito frente a taxis relativamente caros. Nuestra regla práctica terminó siendo sencilla: transporte público siempre que fuera posible, tarjeta para la mayoría de pagos, algo de efectivo para cuando hiciera falta y evitar conversiones innecesarias.
Dos alfabetos para un mismo idioma
No hace falta aprender un idioma para regresar con unas cuantas palabras. Después de varios días algunas empiezan a quedarse. En Serbia hay además una peculiaridad especialmente visible: el mismo idioma convive habitualmente en alfabeto latino y en cirílico. Para nosotros no es extraño convivir con diferentes lenguas en las comunidades españolas con idiomas cooficiales; lo curioso aquí es otra cosa: una misma lengua escrita normalmente con dos alfabetos diferentes.
Algunas de las expresiones que terminamos aprendiendo fueron estas: Hvala ti puno / Хвала ти пуно — muchas gracias; Kafa sa mlekom / Кафа са млеком — café con leche; Zdravo / Здраво — hola; Dobar dan / Добар дан — buenos días; Molim / Молим — por favor; Hvala / Хвала — gracias; Da / Ne — Да / Не — sí / no; Voda / Вода — agua; y Doviđenja / Довиђења — adiós.
El serbio tiene además otra característica interesante: es un idioma con una escritura muy fonética. Una vez que empiezas a asociar cada letra con su sonido puedes comenzar a leer palabras aunque todavía no tengas ni idea de lo que significan. Eso encaja bastante bien con la sensación que me produjo Serbia: históricamente situada entre Oriente y Occidente, tiene algo de territorio fronterizo, donde alfabetos, religiones, arquitecturas e influencias culturales diferentes conviven en un espacio nuevo y al mismo tiempo extrañamente cercano.
En mi caso, además, el cirílico ha dejado una consecuencia inesperada. Uno de mis objetivos personales para 2027 es empezar a estudiar ruso, tanto por interés personal como por la posible ventaja profesional de añadir otro idioma.
Y todavía queda una visita obligatoria
Entre todo lo pendiente hay una cosa que no tiene nada que ver con iglesias, museos o monumentos: ver un partido del Partizan en el Arena. Ya estuvimos en el recinto por otro motivo, pero la próxima vez me gustaría verlo haciendo aquello para lo que también está hecho: lleno de aficionados y con un partido del Partizan. Ese pendiente está bastante arriba en la lista.
Belgrado desde el agua
Y todavía queda otra forma de conocer la ciudad. Nosotros contemplamos el Sava y el Danubio desde tierra, especialmente desde Kalemegdan, pero ambos ríos forman parte de Belgrado mucho más de lo que se percibe antes de viajar. Queda pendiente navegarlos.
Incluso existe la posibilidad de regresar algún día a esta parte de Europa siguiendo el Danubio mediante alguno de los itinerarios fluviales próximamente disponibles en inCruises. Una forma completamente diferente de volver a encontrarse con Belgrado.
Aún queda mucho Belgrado
Después de un viaje puedes hacer la lista de todo lo que has visto. En este caso resulta casi más interesante hacer la contraria: entrar finalmente en el Museo Nikola Tesla, conocer Skadarlija, visitar el Museo Nacional, caminar por Zemun y subir hasta Gardoš, entrar en el Museo de Yugoslavia y la Casa de las Flores, recorrer otras orillas del Sava y del Danubio, navegar por ellos, salir algún día de la propia ciudad y volver al Arena para ver al Partizan.
No tengo la sensación de haber “hecho Belgrado”. Tengo la sensación de haber conocido una parte de Belgrado, y quizá eso sea bastante mejor. Porque los lugares que realmente merecen la pena no siempre son aquellos que puedes tachar de una lista; a veces son precisamente los que, cuando te marchas, te dejan una lista nueva.
Cierre de la serie
Con este tercer artículo cierro, al menos por ahora, la serie dedicada a Belgrado. En Antes de ir a Belgrado conté la preparación y las expectativas antes del viaje.
En Belgrado: una ciudad sorprendentemente contradictoria, lo que encontré al llegar; y aquí queda todo lo que todavía falta por descubrir. Belgrado no se queda cerrada. Se queda pendiente.
El motivo que nos llevó hasta allí, The Global Convention: hay que vivir algo así al menos una vez, tiene su propio artículo porque forma parte del viaje, pero no de esta serie de ciudad.
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Y puedes encontrar estas seis infografías junto al resto del material visual del viaje en la galería de Belgrado.