The Global Convention: hay que vivir algo así al menos una vez
· Por Andrés García Rodríguez
Hay cosas cuya dimensión puedes conocer sobre el papel, pero que no terminas de comprender hasta que las tienes delante. The Global Convention 2026 fue la primera convención global de inCruises después de diez años de trayectoria. Yo ya había asistido a eventos nacionales con más de mil personas, en Aranjuez y Barcelona, así que sabía que iba a encontrarme con algo grande. Lo que no sabía era cuánto.
Durante bastante tiempo pensé que no podría asistir. Las circunstancias cambiaron prácticamente en el último momento y finalmente pude viajar a Belgrado, así que llegué con una energía especialmente alta. Y entonces entré por primera vez en el Arena.
La primera sensación fue muy sencilla: ¿pero cuánta gente hay aquí? Éramos alrededor de 10.000 personas dentro de un recinto con capacidad para más del doble y, aun así, se sentía lleno de vida. El escenario estaba cuidado hasta el último detalle, había buena visibilidad prácticamente desde cualquier punto y voluntarios y organización parecían funcionar de manera perfectamente sincronizada. Lo curioso es que, pese al tamaño, nunca tuve sensación de agobio o hacinamiento.
Mi primer gran impacto fue confirmar algo que ya sabía intelectualmente, pero que todavía no había experimentado: aquello era mucho más grande y tenía mucho más alcance del que yo podía imaginar.
Una comunidad que habla muchos idiomas
Español —con todas sus variantes y con Latinoamérica teniendo un peso propio enorme—, inglés, ruso, japonés, mongol, coreano y muchos otros idiomas. Los presentadores se movían principalmente entre español, inglés y ruso, pero hubo intervenciones de personas procedentes de lugares que para muchos de nosotros resultan completamente ajenos. Y ocurrió algo curioso: podías escuchar una intervención en mongol, no entender prácticamente una palabra y, sin embargo, comprender perfectamente que estaba sucediendo algo importante.
Wordly, la aplicación de traducción mediante inteligencia artificial utilizada durante el evento, ayudaba bastante. Permitía leer o escuchar las intervenciones traducidas, aunque trabajaba mucho con el contexto y se perdían matices. Hubo retrasos, algún corte y momentos mejorables, aunque el funcionamiento fue progresando durante los tres días. Pero terminé descubriendo que muchas veces tampoco hacía tanta falta.
La pasión no necesita traducción.
Había emociones que se comprendían perfectamente sin necesidad de conocer el idioma. También me sorprendió lo bien que podía seguir muchas de las intervenciones en inglés con mi inglés bastante mejorable. Los ponentes norteamericanos, especialmente, tenían una vocalización y una claridad que facilitaban muchísimo la comprensión. No todo funcionó perfectamente, pero quizá una de las cosas más interesantes fue precisamente descubrir que podía conectar con personas a las que ni siquiera entendía literalmente.
Personas de realidades completamente distintas
En las gradas había prácticamente de todo: jóvenes, personas maduras, familias con niños, grupos de amigos, equipos de trabajo y personas que habían recorrido miles de kilómetros para estar allí. Yo viajé con parte de mi equipo más cercano y coincidimos con personas de Canarias, Valencia, Alicante, Madrid, Burgos, Castellón, Londres y otros muchos lugares. En nuestro propio hotel terminamos reuniéndonos nueve personas del equipo.
A algunos ya los conocía de otros eventos; a otros, solo de reuniones online, vídeos o redes sociales. Y a muchos los conocí por primera vez allí. Ese intercambio fue una parte fundamental de la experiencia. Conocí, por ejemplo, a una pareja de Castellón procedente del mundo empresarial tradicional. Tenían muy claro qué querían hacer y cómo querían hacerlo, y después del evento comenzaron a ponerlo en práctica con mucha decisión y a obtener resultados rápidamente.
Pero hubo historias mucho más alejadas de nuestra realidad. Personas de Kazajistán, Kirguistán o Mongolia, países sin salida al mar, habían desarrollado proyectos importantes dentro de una compañía cuyo producto original gira precisamente alrededor de los cruceros. Historias procedentes de Ucrania hablaban de continuar trabajando incluso en circunstancias que aquí nos cuesta imaginar.
Y había algo imposible de ignorar: la enorme presencia de las mujeres en todos los niveles de la comunidad. Muchas de ellas eran madres que buscaban construir una vida diferente para ellas y para sus hijos. No como un discurso preparado para un escenario, sino como una realidad repetida una y otra vez entre personas procedentes de culturas completamente diferentes. Eso me pareció especialmente potente e integrador.
Viajar o desarrollar el negocio: dos formas de vivir el club
inCruises es ante todo un club de viajes y muchos de sus miembros simplemente disfrutan de su membresía para viajar. Algunos, además, decidimos desarrollar voluntariamente la oportunidad de negocio como Independent Partners. Son dos formas diferentes de vivir el mismo ecosistema, y esa diferencia da para mucho más que un par de líneas.
Mucho más que un escenario
Durante tres días hubo formación, liderazgo, visión, testimonios, reconocimientos, presentaciones de producto, acuerdos y novedades sobre la evolución de la compañía. Pero una de las cosas que más dimensión dio al evento fue escuchar también a personas ajenas a la estructura interna de inCruises.
Sobre el escenario participaron representantes de tres grandes navieras con las que trabaja el club, entre ellas Costa Cruises y MSC Cruises, aportando una visión muy diferente a la de los ponentes de la propia compañía. También estuvo Stuart Johnson, fundador y CEO de Direct Selling News (DSN). No estaban allí para generar la misma euforia que una historia de éxito o un reconocimiento; precisamente por eso sus intervenciones daban otra perspectiva sobre el tamaño, las alianzas y el impacto que está alcanzando el proyecto.
Una figura que, para mí, representó especialmente bien la cultura que se respiraba allí fue Doug Corrigan, Chief Marketing Officer de inGroup. Durante buena parte de la convención ejerció como maestro de ceremonias y lo hizo con una naturalidad sorprendente: presentando, bailando, haciendo humor, interactuando con el público y manteniendo la energía del evento.
Me llamó especialmente la atención porque en muchas empresas una función así se delegaría casi completamente en profesionales externos. Allí uno de los directivos de la compañía estaba literalmente en medio del escenario, implicado en la celebración y comportándose como uno más de la comunidad. Puede parecer un detalle, pero creo que explica bastante bien una de las diferencias que percibí durante esos días: en inCruises los profesionales no se limitan a hablar de la cultura de la compañía; forman parte de ella.
Los ríos también entran en el mapa
Entre las novedades presentadas, para mí hubo una especialmente potente: la llegada de los cruceros fluviales. Se anunciaron acuerdos con AmaWaterways y Emerald Cruises, esta última integrada en Scenic Group. Me parece una evolución importante porque no estamos hablando simplemente de añadir unos cuantos barcos al catálogo. Un crucero fluvial es otra manera de viajar: barcos más pequeños, otro ritmo, mayor proximidad a las ciudades y una experiencia mucho más centrada en el destino.
También se presentó inTrips, una nueva propuesta de viajes terrestres organizados, con Dubái como primer destino anunciado. Es otro paso en la evolución del club, pero personalmente la apertura a los cruceros fluviales fue una de las novedades que más me llamó la atención.
La compañía también mostró su vertiente social y su participación directa con Mercy Ships, una organización que presta atención sanitaria mediante barcos hospital. Ese tipo de iniciativas amplía mucho la perspectiva de lo que hay detrás de una empresa que, vista desde fuera, podría asociarse únicamente con viajes y cruceros.
Y también hubo tiempo para el espectáculo
El viernes se celebró inCruises Got Talent. Cantantes, bailarines, presentadores, performances y participantes con un nivel sorprendentemente alto transformaron durante unas horas la convención en un gran espectáculo. Lo interesante es que el concurso era completamente independiente del rango, la antigüedad o la posición dentro de la compañía. Podía competir alguien con años de trayectoria junto a alguien que acabara prácticamente de llegar.
Y precisamente eso ocurrió. La ganadora fue una cubana residente en España, con un rango todavía bajo y apenas unos meses dentro del club. Ese detalle me gustó especialmente porque resumía bastante bien el espíritu del concurso: allí el talento no dependía de tu posición en el negocio ni de los resultados que hubieras conseguido anteriormente. Durante esos días negocio, formación, espectáculo, celebración y comunidad se mezclaron constantemente.
Los pequeños detalles también cuentan
La organización general me pareció especialmente buena teniendo en cuenta que se trataba del primer evento global de estas características. El paseo de las banderas, la predisposición de los voluntarios y la facilidad para contactar con la organización fueron algunos de los detalles que más me gustaron. Una compañera de nuestro propio equipo participaba como voluntaria del crew, así que también pudimos conocer parte de lo que ocurría detrás del escenario.
Hubo cosas mejorables. La comida fue probablemente una de ellas: algunos retrasos, raciones algo pequeñas y una logística que podía haberse resuelto mejor. También habría agradecido alguna pausa más larga. Nada especialmente grave y, además, el Arena estaba rodeado de suficientes alternativas para adaptarnos.
Y hubo un detalle aparentemente pequeño que sí eché especialmente de menos: una acreditación física. Todo funcionaba digitalmente, pero en un evento de estas características una tarjeta con tu nombre colgada al cuello facilita las relaciones entre personas y, además, acaba convirtiéndose en un recuerdo. Son detalles. Nada de ello afectó realmente al centro de la experiencia.
Muchos niveles de Andrés desbloqueados
Cada día, al terminar la convención, nos reuníamos como equipo todavía en Belgrado. Eran reuniones sencillas para compartir qué nos había aportado la jornada, qué ideas nos llevábamos y qué había significado para cada uno lo vivido durante el día. En una de esas reuniones resumí mi experiencia con una frase: “Muchos niveles de Andrés desbloqueados”. Puede sonar a broma, pero probablemente sea la mejor definición que tengo.
Llegué a Belgrado con dudas sobre mí mismo. No tanto sobre el proyecto como sobre mi capacidad para desarrollar algunas de las cosas que exige: constancia, disciplina, exposición pública, redes sociales, liderazgo o simplemente hacer cada día lo que sabes que tienes que hacer. Y allí empecé a desmontar muchas de esas dudas.
En los días buenos, haz lo que toca. Y en los días malos, haz lo que toca.
Otra idea iba exactamente en la misma dirección: la motivación te da el incentivo; la disciplina te da el rango.
Ahí me tocaron directamente. Porque la constancia y la disciplina no siempre han sido mis puntos fuertes. Tengo mucha energía cuando algo me apasiona, puedo trabajar muchísimo y soy bastante cabezón cuando quiero conseguir algo. Pero mantener determinadas rutinas todos los días, independientemente de cómo me encuentre, es otra cosa. El evento me hizo ver con mucha claridad que no necesito encontrar permanentemente nuevas motivaciones.
Necesito ejecutar. Acción y básicos. Acción y básicos.
Las personas que hacen posible el camino
En una experiencia así hay miles de personas alrededor, pero también hay algunas sin las que tu propia historia no se entiende. En mi caso tengo que hacer una mención especial a Judith e Ismael, mi upline, mi apoyo directo dentro de esta línea de negocio y dos personas fundamentales en todo este recorrido. Judith es además amiga y la persona que me enseñó esta oportunidad por primera vez.
Ellos han estado ahí acompañándome, resolviendo dudas, compartiendo experiencia y empujando cuando ha hecho falta. Sin ellos, buena parte de este camino sencillamente no tendría sentido. Y eso también forma parte de lo que descubrí con más claridad en Belgrado: los negocios pueden construirse con productos, sistemas y estrategias, pero las trayectorias personales se construyen con personas.
El negocio está ahí, pero las personas pesan más
Salí también con una idea mucho más clara sobre lo que quiero hacer. Necesito dar un impulso importante a mis redes sociales, exponerme más, crear más contenido y desarrollar encuentros presenciales. Cuando vuelva de mi próximo crucero quiero empezar a organizar pequeños encuentros de “Te invito a un café” los sábados. Sin escenarios, sin diez mil personas y sin espectáculo. Un café, una conversación y la posibilidad de explicar tranquilamente qué hago y por qué lo hago.
Porque después de escuchar durante meses hablar de viajes, membresías, ahorro, experiencias y cruceros, me queda todavía una última frontera personal: vivir yo mismo la experiencia completa como viajero.
Una bandera que significa algo más
Entre miles de personas, escenarios enormes y decenas de banderas hubo también momentos mucho más pequeños. Uno de mis favoritos fue hacerme una fotografía con Eduardo, venezolano residente en Londres, junto a la bandera de Venezuela.
Venezuela tiene para mí un significado personal muy especial, así que aquella fotografía terminó teniendo mucho más valor del que probablemente cualquiera pudiera imaginar al verla desde fuera. Y creo que ese pequeño momento explica bastante bien lo ocurrido durante aquellos días. Puedes viajar miles de kilómetros para asistir a una gran convención empresarial y terminar recordando especialmente una conversación, una bandera, una persona o una historia.
Hay cosas que hay que vivir al menos una vez
Cuando terminó la convención no tenía ninguna duda sobre si volvería. Volveré a todas las que pueda permitirme. La siguiente cita importante será en Valencia y ya está en mi calendario. También sé que las próximas serán diferentes. Se aprenderá de lo que funcionó, se mejorará lo que no y seguirán apareciendo nuevos destinos.
Encontrar un país capaz de facilitar la llegada de personas procedentes de tantos lugares diferentes no debe ser sencillo. Serbia cumplió muy bien ese papel y, personalmente, me alegro de haber conocido un país que probablemente nunca habría elegido por iniciativa propia. Pero esa es otra historia.
Si quieres conocer la parte del viaje previa a la convención, puedes leer Antes de ir a Belgrado.
Y si prefieres descubrir la ciudad que encontré cuando salí del Arena, está en Belgrado: una ciudad sorprendentemente contradictoria.
Esta historia trata de una comunidad internacional reunida durante tres días alrededor de una misma idea. De personas que quieren viajar, emprender, crecer o simplemente construir una forma diferente de vivir. Y también trata un poco de mí.
Llegué pensando: “Me gusta este negocio, pero no sé hacerlo. No sé si puedo convertirme en la persona que necesito ser para hacerlo bien”. Y salí pensando algo bastante diferente: puedo, debo y quiero convertirme en esa persona.
El mundo está cambiando y muchas de las estructuras que durante décadas parecían inamovibles están dejando de serlo. Encontrar en un mismo lugar viaje, producto, emprendimiento, comunidad, desarrollo personal, libertad, amor y valores no es sencillo.
Yo todavía estoy descubriendo hasta dónde puede llevarme todo esto. Y quizá precisamente por eso existe tardigradoviajero: para contar el tardígrado que fui, el que soy ahora y, sobre todo, el que todavía quiero llegar a ser. The Global Convention 2026 fue una de esas experiencias que hay que vivir al menos una vez.
Si quieres recibir las próximas publicaciones sin depender de los algoritmos de las redes sociales, puedes suscribirte a la newsletter de tardigradoviajero.
Prevenidos. Cámaras. Acción...