Nos quejamos de la falta de apoyo al empezar. ¿Y nosotros, a quién apoyamos?

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Cuando empezamos algo, nos gustaría que las personas cercanas se interesaran, nos preguntaran o nos dedicaran un poco de su tiempo. Lo que estamos haciendo nos importa y un gesto así puede ayudarnos mucho, sobre todo cuando todavía hay más dudas que certezas.

Pero conviene mirarse al espejo. ¿Cuándo fue la última vez que hicimos eso por otra persona? ¿Nos paramos a escuchar su idea? ¿Le preguntamos cómo le iba? ¿O también nosotros pusimos cara de «otro que se ha venido arriba»?

Con tardigradoviajero quiero dar su sitio a esos gestos. Por eso he querido agradecer a los diez primeros suscriptores de la newsletter de tardigradoviajero, a quienes he llamado Miembros Fundadores. Son las primeras personas que han querido acompañarme mientras el proyecto todavía está tomando forma, y esta publicación nace precisamente de lo que significa para mí ese apoyo.

¿Y nosotros qué hacemos para apoyar a los demás?

Es curioso cómo funcionan estas cosas. Nos molesta que alguien no muestre interés por nuestros proyectos, pero ¿cuántas veces hemos hecho nosotros exactamente lo mismo?

A veces ni siquiera somos conscientes. Alguien nos cuenta que quiere montar un negocio, volver a estudiar, cambiar de trabajo o empezar algo completamente distinto y, casi automáticamente, empezamos a enumerar las dificultades. Que si está complicado, que si no es el momento, que si a nuestra edad... Y todo ello, muchas veces, con la mejor de las intenciones.

No siempre es falta de confianza en esa persona. También están nuestros propios miedos, nuestras experiencias y esas creencias que llevamos años arrastrando sobre lo que es sensato hacer y lo que no. En ocasiones, lo que vemos en las decisiones de los demás es un reflejo de nuestras propias limitaciones.

¿Estamos ayudando a esa persona a encontrar su camino o estamos intentando que no se salga del que nosotros conocemos?

Pero hay otra forma de falta de apoyo que me llama especialmente la atención. Conocemos a alguien que organiza un concierto, presenta un espectáculo o hace una lectura de sus propios poemas. Y una de las primeras preguntas que le hacemos es si nos puede conseguir una entrada gratis. O un amigo publica su primer libro y esperamos que nos regale un ejemplar, preferiblemente dedicado.

En España tenemos cierta tendencia a confundir apoyar a alguien con conseguir que nos invite. Nos parece estupendo asistir al concierto de un amigo, siempre que no tengamos que pagar la entrada. ¿No sería mucho más lógico comprarla, comprar su libro o ayudarle a llenar la sala? Muchas veces, para alguien que está empezando, ver que hay público, que su trabajo interesa y que las personas ocupan las butacas ya es un premio extraordinario.

Y si podemos permitirnos pagar una entrada o comprar un libro, ¿por qué esperamos que precisamente esa persona, a la que decimos querer apoyar, tenga que regalárnoslo?

Apoyar no significa dar la razón en todo, aplaudir cualquier ocurrencia o renunciar al sentido crítico. Una observación constructiva puede ser mucho más valiosa que diez felicitaciones por compromiso. Pero hay una diferencia enorme entre ayudar a alguien a mejorar una idea y desmontársela antes de que haya tenido siquiera la oportunidad de desarrollarla.

Tampoco hace falta entender perfectamente lo que está haciendo. A veces es suficiente con decirle:

«No entiendo nada de lo que me estás contando, pero confío en ti y sé que te va a ir bien».

No parece tan complicado, ¿verdad? Porque destruir suele ser relativamente sencillo. Construir, bastante menos.

Espejo circular que refleja una silla de madera con patas humanas
A veces conviene mirar al otro lado del espejo.

Diez personas y unos trabajos manuales 2.0

Hace unos días decidí preparar un pequeño regalo para esos diez primeros suscriptores de mi newsletter. No voy a engañar a nadie. Casi todos son amigos, aunque también hay personas que se han suscrito sin conocerme personalmente. Y, por supuesto, tengo muchos otros amigos que no se han apuntado. Cada uno tiene sus intereses, sus prioridades y su manera de entender las cosas.

Precisamente por eso me parece importante reconocer a quienes sí han dado ese pequeño paso. Detrás de una suscripción hay alguien que ha dedicado un momento de su tiempo a interesarse por algo que estoy construyendo. Y eso, cuando estás empezando, tiene un valor especial.

Así que me he puesto manos a la obra y he preparado para cada uno un símbolo personalizado, numerado, acompañado de su propio diploma y una pequeña animación. Un regalo virtual, sin valor económico, pero al que he dedicado unas cuantas horas de trabajo.

Trabajos manuales 2.0, podríamos llamarlos. Con herramientas digitales, inteligencia artificial y bastante paciencia. Pero, sobre todo, con tiempo y cariño, que siguen siendo dos ingredientes que ninguna tecnología puede sustituir.

Pequeñas figuras luminosas unidas por hilos en un paisaje oscuro
Diez pequeños gestos que iluminan los primeros pasos de una idea.

Y mientras los preparaba, volvía a la pregunta con la que he comenzado este artículo. ¿Cuántas veces tenemos la oportunidad de hacer algo parecido por alguien y la dejamos pasar?

No hace falta comprar nada, suscribirse a todo lo que publiquen nuestros conocidos ni convertirse en seguidores incondicionales de sus proyectos. A veces basta con preguntar cómo les va, compartir algo que han hecho, recomendar su trabajo o dedicar cinco minutos a escucharles. Y cuando ese apoyo puede traducirse en una venta, una entrada o una recomendación que les ayude de verdad, tampoco está de más acordarse de ello.

Son gestos que parecen insignificantes desde fuera, pero que pueden resultar muy importantes para quien está intentando sacar adelante una idea.

Cuando algo todavía es pequeño, cada gesto cuenta mucho más de lo que imaginamos.

Volvamos al espejo

Diez personas se han suscrito a una newsletter. Visto desde fuera, no parece un acontecimiento extraordinario. No son miles de seguidores, no hay grandes cifras ni estadísticas que vayan a impresionar a nadie. Pero son diez personas reales que han decidido dedicar un pequeño espacio de su tiempo a algo que estoy empezando.

Y para mí eso merece un reconocimiento.

No sé dónde estará tardigradoviajero dentro de un año, ni cuánto habrá cambiado por el camino. Lo que sí sé es que estas diez personas formarán parte de sus primeros pasos. Y eso ya no va a cambiar.

Por eso he querido dedicarles tiempo y preparar algo exclusivamente suyo. No porque tenga una obligación con ellas, sino porque me apetece agradecerles que hayan estado ahí desde el principio.

Este pequeño homenaje también me ha servido para pensar en mi propia actitud hacia los proyectos de los demás. Nos quejamos de que falta apoyo, de que la gente no se interesa y de que resulta difícil empezar algo nuevo cuando nuestro entorno no termina de entenderlo. Puede que tengamos razón muchas veces, pero antes de lamentarnos por quienes no nos acompañan, quizá deberíamos preguntarnos si nosotros estamos acompañando a alguien.

Y no hablo de convertirnos en seguidores incondicionales. Podemos discrepar, aportar una crítica constructiva o simplemente reconocer el esfuerzo que está haciendo otra persona. Podemos alegrarnos de que alguien tenga la ilusión y la determinación de intentar algo nuevo, aunque todavía no haya resultados que celebrar.

Así que termino como empecé, con una pregunta que también me hago a mí mismo:

Piensa en alguien de tu entorno que esté empezando un proyecto. ¿Cuándo fue la última vez que te interesaste por cómo le iba?

Quizá hoy sea un buen día para preguntarle cómo va, comprar esa entrada o escuchar lo que tiene que contarte.

Firma de tardigradoviajero.

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