Cómo Pigmalión consiguió dar vida a una estatua

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Lo que nos dicen, lo que nos decimos…

Cuando lo mío era «lo normal»

«Es lo normal. Así debería ser por defecto». Esa solía ser mi respuesta cuando alguien reconocía algo que había hecho bien. Si convertíamos lo normal en extraordinario, no íbamos bien, ¿verdad?

Aplicaba esa medida a mis logros y era mucho más generoso con los de los demás. Lo mío apenas merecía celebración. Y cuando no conseguía ese desempeño que consideraba «normal», me frustraba. Así resultaba bastante difícil estar satisfecho con uno mismo.

Esa forma de pensar todavía me acompaña, pero estoy empezando a reconocerla y a cambiar cómo me hablo.

Aprender a reconocerme

Estoy empezando a reconocer cosas que merecen su sitio: haber pedido ayuda, haber salido de una situación personal muy negativa, mi proceso dentro de inCruises y haber creado tardigradoviajero.

También haber decidido que le den por culo a los seguros.

Ha sido un proceso largo y complicado. Hoy soy más feliz, aunque tenga más incertidumbre económica, una etapa que considero temporal.

El proyecto de mi nueva vida, de pensar y tratarme de otra manera, está empezando. inCruises es una parte imprescindible de ese proceso: las personas, el acompañamiento y la comunidad tienen mucho que ver con lo que estoy descubriendo de mí.

tardigradoviajero también forma parte de ese cambio. Tengo herramientas potentísimas para dar forma a lo que antes solo existía en mi cabeza. Estoy aprendiendo a valorar haberlo hecho y a darle tiempo para crecer.

Las personas que te ayudan a avanzar

Las personas que me acompañan tienen mucho que ver con ese cambio.

Algunas creen en mí más de lo que yo mismo creo.

Respetan mi proceso, celebran mis avances y comparten los suyos. Me ven hoy, con posibilidades, sin convertir cada error pasado en un pronóstico sobre mi próxima decisión.

Una comunidad sana puede darte ese empujón. Y estoy aprendiendo a recibir el reconocimiento sincero con el que siempre he celebrado a los demás. Importa el reconocimiento, pero también de quién viene y sentir que puedes compartir lo que te pasa sin ser juzgado.

También estoy empezando a hablarme de otra manera. Haber tomado decisiones equivocadas, incluso con consecuencias graves, no significa que todas las siguientes vayan a serlo. Mi contexto ha cambiado, mi visión también. Puedo reconocer lo que he aprendido y tomar una decisión sin someterme a un juicio interminable.

Sigo teniendo dificultades con la disciplina, la dispersión y hacer lo que toca. Hacen falta propósito, método y trabajo. También estoy aprendiendo a corregirme sin fustigarme.

Lo que esperamos, lo que transmitimos

En un curso de gestión de equipos ha aparecido el efecto Pigmalión. El vídeo que nos han mostrado me ha hecho conectar el tema con este proceso: lo que esperamos de los demás, cómo se lo transmitimos y cómo esas palabras pueden acabar formando parte de la manera en que nos vemos y nos hablamos.

Vídeo de Divina Seguros utilizado como material de apoyo en el curso «Gestión de equipos eficaces: influir y motivar» de ADAMS.

El efecto Pigmalión describe cómo las expectativas que tenemos sobre alguien pueden influir en su desempeño a través del trato que le damos. Esa influencia toma forma en cosas concretas: cuánto escuchamos, qué oportunidades ofrecemos, cómo explicamos un error o qué ayuda damos para seguir aprendiendo.

En educación se han observado diferencias de este tipo entre docentes con expectativas altas y bajas sobre su alumnado. La confianza puede cambiar nuestra manera de acompañar y las condiciones en las que otra persona avanza. En las familias mejor no entro.

Lo que nos decimos también merece atención. Si cada logro mío es «lo mínimo» y cada error confirma una supuesta incapacidad, estoy construyendo una imagen de mí en la que cuesta encontrar motivos para confiar. Estoy aprendiendo a reconocer mis avances y a recordar que puedo pedir ayuda. El diálogo interno tiene su propio campo de investigación, aunque no sea exactamente lo mismo que el efecto Pigmalión.

Pigmalión junto a su estatua, con Afrodita dando vida a la figura.
Pigmalión junto a la figura de una mujer esculpida en marfil, a la que Afrodita concede vida. · Ilustración generada con IA (ChatGPT)

Según la mitología griega, Pigmalión era un escultor de la isla de Chipre que creó en marfil la figura de una mujer y se enamoró de ella. La escultura parecía viva, pero seguía siendo una estatua. Él la trataba como si pudiera corresponderle: le ofrecía regalos, la vestía y la acariciaba.

Durante una celebración dedicada a Afrodita, pidió una esposa semejante a su creación. La diosa comprendió su deseo y lo hizo realidad. Al regresar, Pigmalión besó la figura y sintió que el marfil se volvía cálido y blando: la estatua había cobrado vida.

Él lo imaginó y lo anheló; ella lo materializó.

Me quedo con esa imagen: lo que deseamos puede necesitar la intervención de otros para tomar forma. En mi experiencia, ese acompañamiento también está cambiando la imagen que tengo de mí y las palabras con las que me trato.

Una película, un libro y algo con que trabajar

Una película: El indomable Will Hunting (1997). Director: Gus Van Sant.

Un joven que trabaja limpiando en una universidad posee un talento excepcional, pero arrastra dificultades personales. La relación con un terapeuta le ayuda a afrontar su pasado y sus posibilidades. La conexión con esta reflexión está en la autoimagen, pedir ayuda y permitir que alguien te acompañe.

Un libro: Cháchara. Por qué es tan importante la voz en tu cabeza y cómo sacarle partido (2021). Autor: Ethan Kross.

Explora las conversaciones que mantenemos con nosotros mismos y ofrece herramientas para gestionar esa voz interior. Una lectura para profundizar en «lo que nos decimos».

Algo con que trabajar: ¿Qué haces cuando las cosas van bien? / What Do You Do When Things Go Right? (2004). Autores: Shelly L. Gable, Harry T. Reis, Emily A. Impett y Evan R. Asher.

Esta investigación relaciona compartir experiencias positivas con mayor bienestar, especialmente cuando recibimos respuestas interesadas y constructivas. Estudia relaciones cercanas y aporta una idea que podemos explorar en nuestra comunidad: cómo respondemos cuando alguien comparte un logro.

¿Y tú? Cuando alguien celebra un logro tuyo, ¿lo aceptas o te apresuras a quitarle importancia? ¿Cómo hablas a quienes te rodean? ¿Te concedes la misma confianza que les das?

La próxima vez que alguien te cuente algo que le ha salido bien, prueba a detenerte, preguntar y celebrarlo con él. Y cuando te toque a ti, prueba a recibir ese reconocimiento sin rebajarlo inmediatamente.

Y si eres capaz de alegrarte por el logro de alguien que no conoces de nada, mejor todavía.

¿Cuándo fue la última vez que te alegraste por el logro de un desconocido? (Lamine Yamal no vale).

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